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SHUMBI

Jueves 15 Abril 2010 - 11:51

HISTORIAS EN EL SANTUARIO

Por Carmen Vidal


El 3 de septiembre de 2008 fui con Pablo a recuperar un babuino al Parque Nacional de Kahuzi Biega. Un militar borracho de las fuerzas armadas congoleñas le había disparado el día anterior en el brazo izquierdo. Lo grotesco de esta historia es que desde pequeño le falta el otro brazo, el derecho, debido a que se le quedo atrapado en una trampa de furtivos. Todo el mundo en el parque conoce a Shumbi el babuino, siempre estaba al lado de la carretera con sus dos hijos esperando que los pasajeros de los coches que se dirigen a Walikale le dieran algo de comer.
Shumbi el babuino es parte de la historia del parque. El imponente macho salvaje sin brazo gobernaba desde hace años las dos primeras curvas que hay justo después de la segunda barrera de vigilancia de la carretera que cruza la zona alta del Kahuzi. Esta parte de la carretera hasta Walikale es muy transitada tanto por coches como por viandantes. Shumbi siempre estaba alerta apostado al borde de la carretera con su señora (esta expresión es del chofer, no mía) y sus dos hijos. Yo a su señora no la conocí. Como explique antes, la gente que viajaba en los coches siempre le lanzaba algo de comida lo cual le convirtió en algo así como un agente de aduanas con derecho al cobro de peaje.
El problema llegaba cuando la gente iba a pie. Pasar las dos curvas sin sucumbir a la extorsión de Shumbi era todo un desafío. Se plantaba en medio de la carretera con la palma extendida hacia su víctima y si no conseguía todo el botín de golpe, se armaba de paciencia reiterando el movimiento de la palma hasta que conseguía uno por uno todo lo que había dentro del saco y lanzándolo hacia la parte boscosa donde estaban atrincherados sus secuaces. No había lugar a la negociación, nadie se atrevía a poner en duda su autoridad.
Me contó que nunca había mordido a nadie ni robado violentamente, tal era su indiscutible poderío y su nobleza.
Cuando llegue a Lwiro lo primero que hice fue ir a verle, a Shumbi, mi héroe bueno y listo.
Sentado en su jaula de hospitalización me miro fijamente a los ojos. No fui capaz de aguantarle esa mirada. Ya no patrullará en sus curvas nunca más y la gente podrá pasar tranquila.
Camino de casa me asalto la duda de si sus hijos habrán tomado el relevo.
 





  

Carmen Vidal curando las heridas de Shumbi






 
Mas sobre el tema: lwiro , chimpancés , furtivos , santuario , CRPL , RD del Congo , Kahuzi
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