PABLO LORRAINE
Lunes
8 Febrero 2010 -
13:07
HISTORIAS DEL SANTUARIO
Por Carmen Vidal
A las dos de la tarde del 10 de abril del 2007 llego Thierry Kranzer al CRPL. Estaba limpiando el almacén cuando Balume me aviso de que habia un señor de la Monuc en la puerta llorando desesperadamente con un chimpancé en brazos que casi no se movía. Venia desde Uvira, a 5 horas de coche, donde estaba destinado en “civil affairs”. Salí corriendo y cogí al chimpancé en mis brazos y me abrace a Thierry. No paraba de repetir que Lorraine se estaba muriendo, y así era.
Thierry es un hombre Alsaciano (a él no le gustaría que dijera que es francés) cuyo tamaño impresiona.
Por Carmen Vidal
A las dos de la tarde del 10 de abril del 2007 llego Thierry Kranzer al CRPL. Estaba limpiando el almacén cuando Balume me aviso de que habia un señor de la Monuc en la puerta llorando desesperadamente con un chimpancé en brazos que casi no se movía. Venia desde Uvira, a 5 horas de coche, donde estaba destinado en “civil affairs”. Salí corriendo y cogí al chimpancé en mis brazos y me abrace a Thierry. No paraba de repetir que Lorraine se estaba muriendo, y así era.
Thierry es un hombre Alsaciano (a él no le gustaría que dijera que es francés) cuyo tamaño impresiona.
Yo no abulto mucho y me sentí cubierta por el y por su desesperación que pronto empezó a ser la mía. Habia detenido al furtivo que acudió a venderle el chimpancé y habia conducido como un loco hasta Lwiro. Ya conocía el lugar, unos meses antes habia traído a otra pequeña, a Alsace, pero esta es otra historia.
Lorraine resulto ser un macho y me tome la libertad de llamarle Pablo Lorraine.
Al principio estaba tan enfermo y luego tan traumatizado que tardamos 6 meses en recuperarle para poder ser introducido en uno de los grupos. Al mes de su llegada y cuando ya empezó a tolerar comida sólida Mama Bea fue mi relevo durante el día.
Gracias a Thierry y a su mediación, la ONU nos financió 3025$ para la instalación de la jaula de los babuinos.
Un año después apareció en Lwiro y se quedo con nosotros tres días. Ahora esta en Nueva York, en la sede central de la ONU y sigue apoyándonos en todo. Recientemente nos puso en contacto con el PNUD y ojala esta mediación dé algún fruto.
Cada llegada de un chimpancé es una mala noticia para nosotros y ninguna historia de decomiso es alegre. Todas son trágicas, ya sea por la historia humana que hay detrás o por las condiciones en las que llegan los animales. Los estudios hechos por expertos hablan de que por cada chimpancé que logra ser decomisado y llega vivo a un centro de tránsito como el CRPL, hay una media de 10 que han muerto en el camino a consecuencia de su captura. Los cazadores furtivos se ven obligados a matar como mínimo a la madre que protege a su cría hasta el final y normalmente consiguen un pequeño al tercer intento. La historia humana que hay detrás es espantosa a no ser que se trate de algún encargo ilegal de algún zoológico o de algún laboratorio de experimentación. En estos casos se alquilan cazadores profesionales, las batidas son enormes, suceden en un corto periodo de tiempo y los animales salen de un país y entran en otro normalmente en avión a base de sobornos a alto nivel. Condenar sin mas a los furtivos a nivel local e individual es un error. Hay que luchar contra las razones que están detrás de estas matanzas y crear alternativas y recursos para que esto no se produzca. Cualquier enfrentamiento frontal sin dar alternativas reales es estéril y esta abocado al fracaso. Detrás de cada drama animal que nos llega decomisado hay un drama humano. Los dos importan.
Imagen de Pablo Lorraine
Lorraine resulto ser un macho y me tome la libertad de llamarle Pablo Lorraine.
Al principio estaba tan enfermo y luego tan traumatizado que tardamos 6 meses en recuperarle para poder ser introducido en uno de los grupos. Al mes de su llegada y cuando ya empezó a tolerar comida sólida Mama Bea fue mi relevo durante el día.
Gracias a Thierry y a su mediación, la ONU nos financió 3025$ para la instalación de la jaula de los babuinos.
Un año después apareció en Lwiro y se quedo con nosotros tres días. Ahora esta en Nueva York, en la sede central de la ONU y sigue apoyándonos en todo. Recientemente nos puso en contacto con el PNUD y ojala esta mediación dé algún fruto.
Cada llegada de un chimpancé es una mala noticia para nosotros y ninguna historia de decomiso es alegre. Todas son trágicas, ya sea por la historia humana que hay detrás o por las condiciones en las que llegan los animales. Los estudios hechos por expertos hablan de que por cada chimpancé que logra ser decomisado y llega vivo a un centro de tránsito como el CRPL, hay una media de 10 que han muerto en el camino a consecuencia de su captura. Los cazadores furtivos se ven obligados a matar como mínimo a la madre que protege a su cría hasta el final y normalmente consiguen un pequeño al tercer intento. La historia humana que hay detrás es espantosa a no ser que se trate de algún encargo ilegal de algún zoológico o de algún laboratorio de experimentación. En estos casos se alquilan cazadores profesionales, las batidas son enormes, suceden en un corto periodo de tiempo y los animales salen de un país y entran en otro normalmente en avión a base de sobornos a alto nivel. Condenar sin mas a los furtivos a nivel local e individual es un error. Hay que luchar contra las razones que están detrás de estas matanzas y crear alternativas y recursos para que esto no se produzca. Cualquier enfrentamiento frontal sin dar alternativas reales es estéril y esta abocado al fracaso. Detrás de cada drama animal que nos llega decomisado hay un drama humano. Los dos importan.
Imagen de Pablo Lorraine
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